La tumba de Antígona (Versión Alfredo Castellón)

Sinopsis

Yo podría resumir mi interés en la adaptación de la obra de María Zambrano La tumba de Antígona, diciendo que lo hago porque ella me lo pidió: «No me gustaría morirme», me dijo. «sin verla representada.» Y en parte su deseo se cumplió, pues los aproximadamente quince minutos que filmamos y que se incluyeron en su biografía, pudo verlos en su casa con sus familiares y amigos. La obra contiene una perfecta estructura teatral. Es un texto que está esperando la voz, el espectador, un escenario, y afortunadamente el Festival de Mérida nos brindó esa oportunidad.

Sófocles, en su texto, ordena enterrar viva a Antígona en una tumba a las afueras de la ciudad, un sepulcro del que se supone no volverá a salir.

María Zambrano arranca su obra en ese momento y la desarrolla en el interior de la tumba. Allí Antígona dispondrá de un tiempo infinito para «vivir su muerte». Entra en la tumba lamentando sus fallidas nupcias: «había sido desde que nació devorada por el abismo de la familia, por los ínferos de la ciudad.» Llora la muchacha como han llorado sin ser oídos todos los enterrados vivos en sepulcros de piedra o en la soledad. Silencios propicios para la revelación, para el arrepentimiento. En esas entrañas terrenales, Antígona evocará la luz, el amor, a su padre, a sus hermanos. En esas evocaciones tomarán «presencia» amigos y enemigos, muertos unos, todavía vivos otros, hasta la llegada de Creón, que arrepentido por los malos augurios la invitará a salir, oferta que ella rechazará. Continuará en las tinieblas pues ya ha llegado a esa parte de la vida donde, aunque todavía se respire, ya no se puede regresar.

La tumba de Antígona (Versión Alfredo Castellón)
Caracteristicas: 1997 92 pp